sábado, 24 de octubre de 2009

Éxodo


Ciento uno es “una cifra abierta que da la idea de los innumerables”. En ella pueden caber todos, tanto los anónimos que habitan la ciudad como los trasladados, aquellos que deben migrar. Una hilera de 101 figuras, de tamaño natural, desfilará hacia la cancillería mexicana como parte de la instalación Éxodos con la que la artista mexicana Helen Escobedo regresa al espacio público.

Después de casi diez años sin colocar una pieza en el paisaje nacional, la artista de 75 años inaugurará el próximo lunes la pieza con la que busca resignificar el espacio público.

La exposición forma parte del homenaje que la Secretaría de Cultura del Distrito Federal realiza a la artista a través del encuentro de arte y política Peatonal.
Graciela Schmilchuk, la curadora, señaló ayer que a pesar de que la pieza tiene claras alusiones a hechos políticos, sociales y culturas, ese no es su “único, ni el principal aporte”, sino que “quiere generar espacio público” a través de la interacción con los transeúntes.

“Helen no hace, sobre todo, una representación de un problema sociopolítico, sino una alusión poética de la situación y espera una respuesta emocional a través de la sorpresa. Una posible reflexión de cada peatón cuando después se encuentre en su casa o converse con alguien”, dijo Schmilchuk después de informar que la artista se encontraba en reposo tras sufrir una caída.

En 1997, Escobedo colocó en la plaza alemana de Hamburgo, donde los nazis concentraban a los judíos antes de llevarlos a los campos de concentración, una serie de figuras de paja de tamaño natural con dirección a la estación de trenes. La instalación no provocó ninguna reacción de la crítica especializada, pero debió ser retirada tres semanas después debido al grado de interacción que tuvo con los peatones.

Helen Escobedo, agregó Schmilchuk, “no quiere que haya identificación con estos personajes, no quiere que nos sintamos uno de ellos sino que busca generar un encuentro entre realidad y ficción, entre imaginarios y memoria, un hacer presente algo que yace en algún rincón perdido que tiene que ver con la incertidumbre, la posibilidad de las pérdidas y del abismo”.

La pieza partirá de la acera de Plaza Juárez y, en forma de hilera, las figuras se extenderán para dar vuelta a la iglesia de Corpus Christi, para enfilarse hacia el edificio de la Secretaría de Relaciones Exteriores. La ubicación tampoco es fortuita, la presencia de la cancillería, que remite a la migración, termina por marcarla.

“Helen tiene mucho temor de hablar políticamente, pero le sale en la obra. La pieza estará en el espacio donde debería negociarse con responsabilidad la situación de los migrantes mexicanos hacia Estados Unidos y de los centroamericanos hacia México, pero las responsabilidades son poco asumidas. Este es un pequeño golpecito a la puerta” de quienes despachan desde esas oficinas, concluyó la curadora.

Con información de Excelsior

Fotografía de José Luis Vences Morales.

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