sábado, 19 de marzo de 2011
Carlos Pascual dimite por papeles de Wikileaks
Victima de los papeles del departamento de Estado publicados por Wikileaks, el embajador de Estados Unidos en México, Carlos Pascual renunció después de que rompiera relaciones con el presidente Felipe Calderón debido a los documento filtrados por Wikileaks en donde Carlos Pascual ponía en duda la capacidad del Ejército mexicano para luchar contra el narcotráfico por su “lentitud y aversión al riesgo”.
Hillary Clinton, emitió un documento donde "con gran pesar", el presidente Barack Obama aceptó la renuncia de su embajador en México: "Carlos ha basado su decisión de regresar a Washington basándose en su deseo de asegurar la fuerte relación entre nuestros dos países y para evitar asuntos presentados por el presidente Calderón que puedan distraer el importante asunto de hacer avanzar nuestros intereses bilaterales", afirmó.
El desencuentro inició a raíz de la publicación de los papeles de Wikileaks, donde el cable 240473, escrito por el embajador norteamericano el 17 de diciembre de 2009 afirma: “Nuestros servicios transmitieron información originalmente a la SEDENA que se negó a actuar con rapidez y reflejó una aversión al riesgo que ha costado a la institución una victoria principal contra el narcotráfico". Pascual escribió esto horas después de la caída del narcotraficante Arturo Beltrán Leyva.
Este cable enfadó a Calderón, quien hace dos semanas, durante una visita a Washington, trató el asunto con Obama y manifestó al diario The Washington Post su molestia con Pascual por sus comentarios en los cables diplomáticos confidenciales publicados por WikiLeaks. El sitio web del diario estadounidense publicó que Felipe Calderón se refirió al cable donde Pascual acusa al Ejército de ser lentos, estar mal preparados y sufrir aversión al riesgo: "Es difícil cuando ves el coraje del Ejército. Por ejemplo, ellos han perdido probablemente 300 soldados... y de pronto alguien en la embajada americana dice que no son lo suficientemente valientes".
En una entrevista con el diario El Universal, el presidente Felipe Calderón se refirió al embajador en términos muy duros: "Yo al embajador estadounidense no tengo por que decirle cuántas veces me reúno con el gabinete de seguridad ni qué digo; la verdad es que no es un asunto de su incumbencia. No acepto ni tolero ningún tipo de intervención. Pero la ignorancia del señor se traduce en una distorsión de lo que ocurre en México y se cae en una afectación y una molestia en nuestro propio equipo. Donde sí hay descoordinación es entre agencias en materia de seguridad en Estados Unidos. Nosotros vemos que la DEA, la CIA y el ICE siempre tienen una política de "Borondongo le dio a Bernabé"... La verdad es que no se coordinan y sí rivalizan".
jueves, 17 de marzo de 2011
La ONU avala atacar Libia
Bengasi, el último bastión de la oposición podría ser atacado por el ejército de Gadafi en las próximas horas. Gadafi aseguró que no habrá piedad con aquellos libios que para entonces aún no hayan entregado sus armas, añadió, amenazando con un baño de sangre.
Así, Bengasi espera ser salvada por la comunidad internacional mediante la aprobación de una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que permite el uso de la fuerza para imponer una zona de exclusión aérea sobre Libia y proveer asistencia y protección a la población civil de Líbano.
La resolución aceptada por la mayoría del máximo órgano ejecutivo de la ONU, respaldada por la Liga Árabe (quien busca la imposición de una zona de exclusión aérea), pero rechazada por Rusia, China, Alemania, India y Brasil, sirve de base para un ataque militar sobre el territorio controlado por Muamar Gadafi y sus fuerzas mejor preparadas (cuentan con modernos equipos de misiles tierra-aire de fabricación rusa) que lo apoyan.
De esta manera se pasa del discurso: la condena del Tribunal Internacional de La Haya a la brutalidad del gobierno de Gadafi, el embargo de armas y un bloqueo de fondos en el exterior, a la acción: contener al gobierno agresor. Pero, ¿Cómo lograrlo sin que Estados Unidos o Europa procuren sus intereses petroleros en la región? ¿En verdad esta decisión puede acabar con el régimen de Gadafi o llevará a que el establecimiento de una zona de exclusión se convierta en las ya conocidas intervenciones militares como la de Irak o Afganistán, donde la consecuencia es la muerte de civiles?
lunes, 14 de marzo de 2011
Festival Ambulante exhibe "Adictos en Afganistán"
Mas de un millón de afganos son adictos a las drogas, principalmente a la heroína. La mayoría son mujeres (40%) y niños. Adictos en Afganistán es un documental que explora esta desgarradora realidad, vista a través de la mirada de Jabar y Zahir, dos adictos de 15 años, cuyos padres, madres y hermanas son también adictos.
Dirigido por Jawed Taiman, (Kandahar, Afganistán, 1981), el documental es retrato de la lucha día a día de la nueva generación de niños que pelean otra guerra en Afganistán: la guerra de las drogas. Ya en su primer cortometraje Jawed Taiman aborda uno de los temas tabú en la sociedad afgana: el derecho a la educación de las niñas. Zendan (Prisión), trata de un maestro que, a escondidas, enseñaba a las niñas en su casa en Kabul.
Adictos en Afganistán se exhibió dentro de la gira Ambulante 2011, los días de febrero 15 (en la Casa del Lago), 16 (Teatro Carlos Lazo UNAM), 17 (Cinematógrafo del Chopo). Ver cartelera completa.
ADICTOS EN AFGANISTÁN trailer from Ambulante on Vimeo.
AFGHANISTAN / 2009 / Persa-Dari-Pashto / COLOR / 78 min.
Director: Jawed Taiman [+ biografía]
Edición: Jason Brooks
Guión: Jawed Taiman & Sharron Ward
Sonido: Jawed Taiman
Música: Elias Shahna
Productores: Sharron Ward
Compañía de producción:Katalyst Productions Ltd
sábado, 5 de marzo de 2011
Entendiendo la revuelta libia
Vámonos entendiendo el conflicto en Libia
Muanmar Gadafi es un dictador que lleva 41 años en el poder, tiene a su familia instalada en el todo los puestos de gobierno y no duda en reprimir todo acto de disidencia. Gadafi “creador” de la Jamahiriya, un sistema político quesque democrático, fundado en una república de las masas; y si las cosas no funcionan, es culpa de ellos.
Muanmar el Gadafi nació el 7 de junio de 1942 en Sirte, cuando Libia se llamaba Noráfrica Italiana. Tras la caída del imperio de Mussolini Libia paso a manos del rey Idris. En el ambiente imperaba un anticolonialismo, sentimiento que compartía la sociedad libia. El 1 de septiembre de 1969, Muanmar Gadafi que se había convertido en militar, participó en el golpe de Estado contra la monarquía. Más tarde lo nombraron presidente.
En su quehacer político internacional cabe destacar que Gadafi intentó “fusionar Libia con Egipto, Siria, Túnez y Sudán, que invadió Chad, que respaldó a los tres tiranos más sangrientos del África poscolonial (Bokassa en el Imperio Centroafricano, Idi Amin en Uganda, Mobutu en Zaire), que financió sin discriminaciones ideológicas a cualquier grupo guerrillero o terrorista que le pidiera dinero (solo exigía que el grupo en cuestión se definiera como "anticolonialista" o "antiimperialista"), y que participó en casos de terrorismo de Estado en el extranjero como la destrucción de dos aviones de pasajeros (UTA en 1986, Pan Am en 1988) o de una discoteca en Berlín (1986)”. Fuente, El País.
A esto hay que sumarle los enfrentamientos entre leales y opositores a Gadafi que ya han cobrado numerosas vidas, sobre todo entre Bengasi, la capital de los sublevados, y Sirte, el verdadero objetivo de los rebeldes al ser la cuna del dictador y el gran baluarte de su poder junto a Trípoli.
Otro de los puntos donde se han librado violentos enfrentamientos es Ras Lanuf, una población costera junto a una importante refinería petrolera. En los enfrentamientos, militares afines a Gadafi persiguen a los comités revolucionarios en ciudades como Trípoli, Wazin, Nalut, Sirte que están controladas por el gobierno y lugares controlados por los rebeldes Bengasi, Al Biada, Shatat Darna, Tobruk y aledañas a Tripoli, zonas que ya no son controladas por el régimen de Gadafi.
Es el ímpetu de miles de jóvenes, como la Unión de Jóvenes de Libia que han convocado a marchas y buscan engrosarse en las filas de los rebeldes para luchar en una primera línea que se mueve muy despacio por la pésima preparación pues algunos son novatos.
Estados Unidos siempre atento a que sus intereses petroleros en la región no se vean afectados, inmediatamente desplazó hacia las costas de Libia un portahelicópteros y otra nave cientos de marines a bordo.
La actuación militar en Libia es una opción que "necesita ser considerada de manera muy cuidadosa", dijo el secretario de Defensa, Robert Gates. Mientras la secretaria de Estado, Hillary Clinton, insistió ayer en que Estados Unidos seguirá hablando de ese asunto con sus aliados europeos y árabes, y que se seguirán estudiando diferentes medios para ayudar a la oposición libia.
Y es que entre las principales potencias no existe un consenso suficiente para proceder de inmediato. Entre los países europeos existen dudas, Estados Unidos quiere hacerlo casi por encargo, sin tomar plenamente la iniciativa, y todos quieren solicitar permiso al Consejo de Seguridad de la ONU, donde Rusia y China, probablemente, lo vetarían.
Los gobiernos de Brasil, Perú y Chile condenaron claramente la represión de manifestantes libios, mientras Fidel Castro acusó a Estados Unidos y la OTAN de instigar los levantamientos en Libia para invadir el país y aprovechar su riqueza petrolera. El Presidente venezolano Hugo Chávez mostró su preocupación por la crisis en el "país hermano", mientras que el Presidente Daniel Ortega de Nicaragua dijo que ha telefoneado a Gadafi para expresar su solidaridad.
Quienes de verdad padecen la obsesión de Gadafi por mantenerse en el poder, son los miles de refugiados (casi 20 000) que huyen de la guerra en el país. Todos cuentan historias similares: que les sacaron del trabajo y les pegaron, que les quitaron los celulares para impedir que hicieran fotos y que les obligaron a dar un rodeo en su éxodo para evitar las ciudades que los rebeldes habían tomado.
Fuente: El País, Canal 11, Deutsche Welle, The Guardian
Muanmar Gadafi es un dictador que lleva 41 años en el poder, tiene a su familia instalada en el todo los puestos de gobierno y no duda en reprimir todo acto de disidencia. Gadafi “creador” de la Jamahiriya, un sistema político quesque democrático, fundado en una república de las masas; y si las cosas no funcionan, es culpa de ellos.
Muanmar el Gadafi nació el 7 de junio de 1942 en Sirte, cuando Libia se llamaba Noráfrica Italiana. Tras la caída del imperio de Mussolini Libia paso a manos del rey Idris. En el ambiente imperaba un anticolonialismo, sentimiento que compartía la sociedad libia. El 1 de septiembre de 1969, Muanmar Gadafi que se había convertido en militar, participó en el golpe de Estado contra la monarquía. Más tarde lo nombraron presidente.
En su quehacer político internacional cabe destacar que Gadafi intentó “fusionar Libia con Egipto, Siria, Túnez y Sudán, que invadió Chad, que respaldó a los tres tiranos más sangrientos del África poscolonial (Bokassa en el Imperio Centroafricano, Idi Amin en Uganda, Mobutu en Zaire), que financió sin discriminaciones ideológicas a cualquier grupo guerrillero o terrorista que le pidiera dinero (solo exigía que el grupo en cuestión se definiera como "anticolonialista" o "antiimperialista"), y que participó en casos de terrorismo de Estado en el extranjero como la destrucción de dos aviones de pasajeros (UTA en 1986, Pan Am en 1988) o de una discoteca en Berlín (1986)”. Fuente, El País.
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| Los jóvenes son la principal fuerza opositora al régimen de Gadafi |
A esto hay que sumarle los enfrentamientos entre leales y opositores a Gadafi que ya han cobrado numerosas vidas, sobre todo entre Bengasi, la capital de los sublevados, y Sirte, el verdadero objetivo de los rebeldes al ser la cuna del dictador y el gran baluarte de su poder junto a Trípoli.
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| Manifestantes leales al gobierno de Gadafi |
Otro de los puntos donde se han librado violentos enfrentamientos es Ras Lanuf, una población costera junto a una importante refinería petrolera. En los enfrentamientos, militares afines a Gadafi persiguen a los comités revolucionarios en ciudades como Trípoli, Wazin, Nalut, Sirte que están controladas por el gobierno y lugares controlados por los rebeldes Bengasi, Al Biada, Shatat Darna, Tobruk y aledañas a Tripoli, zonas que ya no son controladas por el régimen de Gadafi.
Es el ímpetu de miles de jóvenes, como la Unión de Jóvenes de Libia que han convocado a marchas y buscan engrosarse en las filas de los rebeldes para luchar en una primera línea que se mueve muy despacio por la pésima preparación pues algunos son novatos.
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| Retratos de los muertos y desaparecidos durante las rebeliones que buscan tumbar a Gadafi |
Estados Unidos siempre atento a que sus intereses petroleros en la región no se vean afectados, inmediatamente desplazó hacia las costas de Libia un portahelicópteros y otra nave cientos de marines a bordo.
La actuación militar en Libia es una opción que "necesita ser considerada de manera muy cuidadosa", dijo el secretario de Defensa, Robert Gates. Mientras la secretaria de Estado, Hillary Clinton, insistió ayer en que Estados Unidos seguirá hablando de ese asunto con sus aliados europeos y árabes, y que se seguirán estudiando diferentes medios para ayudar a la oposición libia.
Y es que entre las principales potencias no existe un consenso suficiente para proceder de inmediato. Entre los países europeos existen dudas, Estados Unidos quiere hacerlo casi por encargo, sin tomar plenamente la iniciativa, y todos quieren solicitar permiso al Consejo de Seguridad de la ONU, donde Rusia y China, probablemente, lo vetarían.
Los gobiernos de Brasil, Perú y Chile condenaron claramente la represión de manifestantes libios, mientras Fidel Castro acusó a Estados Unidos y la OTAN de instigar los levantamientos en Libia para invadir el país y aprovechar su riqueza petrolera. El Presidente venezolano Hugo Chávez mostró su preocupación por la crisis en el "país hermano", mientras que el Presidente Daniel Ortega de Nicaragua dijo que ha telefoneado a Gadafi para expresar su solidaridad.
Quienes de verdad padecen la obsesión de Gadafi por mantenerse en el poder, son los miles de refugiados (casi 20 000) que huyen de la guerra en el país. Todos cuentan historias similares: que les sacaron del trabajo y les pegaron, que les quitaron los celulares para impedir que hicieran fotos y que les obligaron a dar un rodeo en su éxodo para evitar las ciudades que los rebeldes habían tomado.
Fuente: El País, Canal 11, Deutsche Welle, The Guardian
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| Miles de refugiados salen del país rumbo a Egipto o Tunez |
jueves, 24 de febrero de 2011
sábado, 19 de febrero de 2011
Dictaduras de Bahréin, Libia y Yemen reprimen protestas
Bahréin
Miles de bahreiníes se han manifestado durante los últimos días para reclamar reformas políticas. Soldados del Ejército de Bahréin dispararon contra medio millón de manifestantes que se dirigían a la Plaza Lulu. Los heridos superan los 100. La policía desalojó a la fuerza esta céntrica plaza de Manama, donde miles de manifestantes se concentraron para exigir reformas económicas.
Animados por las recientes revueltas en Egipto y Túnez, los chiíes, que constituyen la mayoría de la población autóctona de Bahréin, reclaman una monarquía constitucional que garantice sus derechos en igualdad con los de la minoría suní gobernante.
Los manifestantes exigen el cese del primer ministro, el jeque Khalifa bin Salman al Khalifa. El jeque Khalifa, tío del rey, lleva al frente del Gobierno desde la salida de los británicos en 1971. Los chiíes llevan años quejándose de discriminación y falta de libertades políticas. Entre 1994 y 1999, sus protestas se saldaron con 40 muertos.
Ahora los manifestantes se esfuerzan por dejar claro que no tienen ningún motivo sectario y que el vecino Irán no está involucrado. El líder de la oposición chií, el jeque Ali Salmán, aseguró durante una conferencia de prensa que no quieren ni la caída del régimen ni la instauración de un Estado religioso como el iraní. Su aspiración, dijo, es "un Estado democrático, una monarquía constitucional, en la que el Gobierno sea elegido por el pueblo".
Flanqueado por Arabia Saudí y Catar, Bahréin es mucho menos rico en petróleo que sus vecinos. El reino, que alberga la V Flota estadounidense, es un centro financiero.
Libia
Asimismo, el régimen de Muamar Gadafi ha mandado al ejército a reprimir las protestas, que ya causaron desde jueves la muerte de al menos 46 personas, la mayoría por disparos de la policía. Esta es la mayor oleada de protestas desde que hace casi 42 años que Muamar el Gadafi llegó al poder. Las última noticia es que Gadafi ha cortado Internet, según información difundida por Arbor Networks, una empresa de EE UU que vigila el tráfico en la Red.
Yemen
Las protestas que piden la salida del presidente yemení, Ali Abdalá Saleh que lleva en el poder desde 1978, ya dejó al menos cuatro muertos en el sur del país.
Los yemeníes buscan la salida de todos los familiares del presidente de la dirección de las fuerzas de seguridad y que todos los temas e interlocutores debatan. Según El País: "El régimen nos ha robado el pasado, tenemos que luchar por el futuro", declaró Arwa Othman, una de las escasas mujeres presentes en la manifestación. "El presidente es un cobarde, en vez de enviar al Ejército envía a policías vestidos de civil", añadió un joven. Essam, un hombre que se identifica como capitán del Ejército y muestra su carné militar, confirma ese extremo: "Han sacado a delincuentes de la cárcel y los dirigen policías de paisano". También asegura que hay oficiales que respaldan la exigencia de un cambio de régimen. "La semana pasada coincidí con un general en la manifestación. Nos han ofrecido dinero para que no participemos, pero lo he rechazado. Quiero un ejército profesional, no una milicia privada para defender a una familia".
domingo, 13 de febrero de 2011
La Berlinale se solidariza con Jafar Panahi
Una silla vacía en la inauguración de la Berlinale fue la imagen más emblemática del Festival de cine en la capital alemana. Un lugar vacío similar al que no ocupó el disidente chino Liu Xiaobo en la entrega del premio Nobel de la Paz 2010. Esta vez era la silla de Jafar Panahi, cineasta iraní, encarcelado en su país por el delito de "propaganda contra el régimen".
La Berlinale se ha solidarizado con Panahi, uno de los cineastas más influyentes de la denominada "Nueva ola iraní", quien es profundamente crítico con la situación social en su país y ha retado con frecuencia a la censura y la presión política ejercida desde el gobierno de Teherán.
Isabella Rossellini, quien preside el jurado de la edición número 61 de la Berlinale afirmó que: "El simple hecho de invitar a Panahi para formar parte del jurado, aún sabiendo que había la posibilidad de que no estuviera aquí, ha sido una señal clara, por parte de la organización, a favor de la libertad de expresión".
Antes de iniciarse en el cine, Panahi rodó numerosos cortos y documentales para la televisión iraní y trabajó como asistente de director en varias películas. Sus cintas han recibido entre otros el León de Oro en el Festival Internacional de Cine de Venecia, por "El círculo" (Dayereh, 2000), y el Oso de Oro en la Berlinale, por "Offside", en 2006.
Con su debut en el cine, "El globo blanco" (1995), ganó la Cámara de Oro en el Festival de Cine de Cannes, mientras que con "El espejo" (Ayneh, 2003) se hizo con el Leopardo de Oro en Locarno. "Crimson Gold" (Talaye Sorkh, 2003) le dio el Premio del Jurado en Cannes. Su último trabajo, el corto "El acordeón", fue estrenado este año en Venecia.
Este año la Berlinale ha programado fuera de concurso la proyección de cuatro películas de Jafar Panahi, entre ellas “Offside” que relata la vida de las mujeres en la sociedad iraní, que están “fuera de juego” hasta cuando juegan al fútbol.
viernes, 11 de febrero de 2011
La era de Mubarak ha terminado
Los egipcios no se dieron por vencidos durante 18 días y han logrado su objetivo: Hosni Mubarak, dictador que gobernó durante 30 años, ha dimitido y huido hacia su mansión de Sharm el Sheij, en el mar Rojo. Suiza ha congelado su fortuna, estimada en varios miles de millones de euros.
“¡Ha dimitido! ¡Ha dimitido!”, gritaban los manifestantes en El Cairo, Suez, Alejandría. No fue Hosni Mubarak quien comunicó a sus ciudadanos que tras 30 años abandonaba la presidencia, sino Omar Suleiman, el vicepresidente, ex jefe de los servicios secretos y mano derecha: “En las difíciles circunstancias que atraviesa el país, el presidente Hosni Mubarak ha decidido abandonar su cargo. Ha encargado al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas que dirija los asuntos del Estado”.
El líder opositor Mohamed el Baradei celebró la dimisión a través de su Twitter: "El país ya está libre", "Este es el mejor día de mi vida", ha expresado. Los Hermanos Musulmanes, considerados la principal fuerza opositora, han felicitado a los egipcios por lograr "la principal meta de la revolución". "Saludo al pueblo egipcio y sus mártires. Este es el día de la victoria para el pueblo egipcio", ha dicho un dirigente de la organización a Reuters.
Pero la mayor potencia del mundo árabe ahora cuenta también con una nueva generación de políticos: los 20 o 30 jóvenes profesionales que organizaron a través de Facebook y el correo electrónico una revolución inspirada en la de Túnez, pero de volumen y consecuencias mucho mayores.
El líder de ese grupo, Wael Ghoneim, ejecutivo comercial de Google en la región, casado con una estadounidense e ideológicamente liberal, representa mejor que nadie tanto el rostro como el impulso de una generación egipcia que desea libertad política, económica, social y religiosa, en un sistema capaz de integrar con igual comodidad a los Hermanos Musulmanes, a los profesionales laicos y al Egipto rural y analfabeto.
La fase que comienza ahora en Egipto será decisiva, no sólo para el país sino también para sus vecinos. Del transcurso de los próximos acontecimientos dependerá el que el proceso acabe en comicios justos o no. La caída de Mubarak, celebrada por Estados Unidos y Europa, abre también una nueva etapa en Oriente Próximo. Mientras Israel y Arabia Saudí expresaron su inquietud por el cambio, los islamistas de Gaza como Hamás, Irán y Líbano lo vieron como una oportunidad.
sábado, 5 de febrero de 2011
¿A dónde fueron los islamistas?
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| Una mujer besa a su hijo soldado durante las revueltas que buscan la dimisión de Mubarak |
Por Olivier Roy
La novedosa peculiaridad de la primera revolución popular pacífica capaz de derrocar una dictadura en el mundo árabe ha consistido en que no ha tenido nada que ver con el islamismo.
El joven vendedor ambulante tunecino que desencadenó la revuelta al quemarse en público nos recuerda a los monjes budistas vietnamitas en 1963 o a Jan Palach en Checoslovaquia en 1969, unos actos de naturaleza precisamente opuesta a la de las bombas suicidas que son la marca registrada del actual terrorismo islámico.
Incluso en este acto sacrificial no ha habido nada de religioso: ningún turbante verde o negro, ninguna túnica blanca, nada de ¡Alá Akbar!, nada de llamamientos a la yihad. Se ha tratado, por el contrario, de una protesta individual, desesperada y absoluta, sin una palabra sobre el paraíso o la salvación. En este caso el suicidio era el último acto de libertad dirigido a avergonzar al dictador y a instar a la gente a reaccionar. Era un llamamiento a la vida, no a la muerte.
En las sucesivas manifestaciones en las calles, no se invocó un Estado islamista, ni los manifestantes se pusieron sudarios blancos frente a las bayonetas, como en Teherán en 1978. Ninguna referencia a la sharía ni a la ley islámica. Y, lo más sorprendente, ningún "¡abajo el imperialismo de Estados Unidos!". El odiado régimen era percibido como indígena, como el resultado del miedo y de la pasividad, y no como la marioneta del neocolonialismo francés o norteamericano, a pesar del refrendo que había obtenido por parte de la élite política francesa.
En vez de ello, los manifestantes pedían libertad, democracia y elecciones con pluralidad de partidos. Dicho sencillamente, querían verse libres de la cleptocrática familia gobernante ("¡dégage!", o sea "¡despeja!", ha sido la popular expresión francesa utilizada como consigna).
En esta sociedad musulmana nada se ha puesto de manifiesto acerca de "un excepcionalismo islámico". Y, al final, cuando los líderes islamistas reales han vuelto de su exilio en Occidente (sí, estaban en Occidente, no en Afganistán ni en Arabia Saudí) estos, como Rachid Ghanuchi, han hablado de elecciones, Gobierno de coalición y de estabilidad, al tiempo que mantenían un bajo perfil.
¿Han desaparecido los islamistas?
No. Pero, al menos en África del Norte, muchos de ellos se han convertido en demócratas. Es verdad que grupos marginales han seguido la senda de una yihad global y nómada, y que vagabundean por el Sahel en busca de rehenes, pero no cuentan con el apoyo real de la población. Esa es la razón por la que se han ido al desierto.
Sin embargo, esos salteadores de caminos siguen estando considerados por los Gobiernos occidentales como una amenaza estratégica que dificulta el diseño de una política a largo plazo. Otros islamistas sencillamente han dejado la política y se han encerrado en casa para seguir un piadoso y conservador, aunque apolítico, estilo de vida. Al igual que a sus mujeres, le han puesto un burka a sus vidas.
Pero el grueso de los antiguos islamistas ha llegado a la misma conclusión que la generación que fundó el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) en Turquía: no hay tercera vía entre democracia y dictadura. Solamente hay dictadura y democracia.
Este reconocimiento del fracaso del islam político ha coincidido con el talante de esa nueva generación de manifestantes en Túnez. La nueva generación árabe no está motivada por la religión o la ideología, sino por la aspiración a una transición pacífica hacia un Gobierno decente, democrático y "normal". Tan solo quieren ser como los demás.
La revuelta tunecina ayuda a aclarar una realidad respecto del mundo árabe: el terrorismo que hemos contemplado estos últimos años, que es un milenarismo utópico, no proviene de las sociedades reales de Medio Oriente. Es mucho más fácil encontrar radicales islámicos en Occidente que en estos países.
Naturalmente, el cuadro difiere entre un país y otro. La generación posislamista es más visible en el norte de África que en Egipto o Yemen, por no hablar de Pakistán, que es un país que se derrumba. Pero en todo Medio Oriente árabe, la generación que está liderando la protesta contra la dictadura no tiene un carácter islámico.
Eso no quiere decir que no queden grandes desafíos a los que enfrentarse. De hecho, son muchos: cómo encontrar líderes políticos que puedan estar a la altura de las expectativas populares; cómo evitar los escollos de la anarquía; cómo reconstruir los vínculos políticos y sociales que han sido deliberadamente destruidos por los regímenes dictatoriales y reconstruir una sociedad civil.
Pero hay al menos una cuestión inmediatamente suscitada por la revolución tunecina.
¿Por qué sigue apoyando Occidente a la mayoría de las dictaduras de Medio Oriente incluso cuando esta oleada democrática agita la región? En el pasado, por supuesto, la respuesta ha sido que Occidente ha visto en los regímenes autoritarios el mejor baluarte contra el islamismo.
Esa fue la razón oculta de su apoyo a la cancelación de las elecciones de Argelia en 1990, de que se hiciera la vista gorda con el tinglado de las elecciones egipcias y de que se ignorara lo que los palestinos eligieron en Gaza.
A la luz de la experiencia tunecina ese planteamiento tiene que volver a ser evaluado. En primer lugar, porque esos regímenes ya no constituyen un baluarte fiable. Podrían simplemente desmoronarse en cualquier momento. En segundo lugar, ¿contra qué son un baluarte si la nueva generación es posislamista y prodemocrática?
Del mismo modo que Túnez ha supuesto un momento decisivo para el mundo árabe tiene también que suponer un momento decisivo en la política occidental respecto a la región. La realpolitik de hoy significa apoyar la democratización de Medio Oriente.
Publicado en El País
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