domingo, 13 de febrero de 2011
La Berlinale se solidariza con Jafar Panahi
Una silla vacía en la inauguración de la Berlinale fue la imagen más emblemática del Festival de cine en la capital alemana. Un lugar vacío similar al que no ocupó el disidente chino Liu Xiaobo en la entrega del premio Nobel de la Paz 2010. Esta vez era la silla de Jafar Panahi, cineasta iraní, encarcelado en su país por el delito de "propaganda contra el régimen".
La Berlinale se ha solidarizado con Panahi, uno de los cineastas más influyentes de la denominada "Nueva ola iraní", quien es profundamente crítico con la situación social en su país y ha retado con frecuencia a la censura y la presión política ejercida desde el gobierno de Teherán.
Isabella Rossellini, quien preside el jurado de la edición número 61 de la Berlinale afirmó que: "El simple hecho de invitar a Panahi para formar parte del jurado, aún sabiendo que había la posibilidad de que no estuviera aquí, ha sido una señal clara, por parte de la organización, a favor de la libertad de expresión".
Antes de iniciarse en el cine, Panahi rodó numerosos cortos y documentales para la televisión iraní y trabajó como asistente de director en varias películas. Sus cintas han recibido entre otros el León de Oro en el Festival Internacional de Cine de Venecia, por "El círculo" (Dayereh, 2000), y el Oso de Oro en la Berlinale, por "Offside", en 2006.
Con su debut en el cine, "El globo blanco" (1995), ganó la Cámara de Oro en el Festival de Cine de Cannes, mientras que con "El espejo" (Ayneh, 2003) se hizo con el Leopardo de Oro en Locarno. "Crimson Gold" (Talaye Sorkh, 2003) le dio el Premio del Jurado en Cannes. Su último trabajo, el corto "El acordeón", fue estrenado este año en Venecia.
Este año la Berlinale ha programado fuera de concurso la proyección de cuatro películas de Jafar Panahi, entre ellas “Offside” que relata la vida de las mujeres en la sociedad iraní, que están “fuera de juego” hasta cuando juegan al fútbol.
viernes, 11 de febrero de 2011
La era de Mubarak ha terminado
Los egipcios no se dieron por vencidos durante 18 días y han logrado su objetivo: Hosni Mubarak, dictador que gobernó durante 30 años, ha dimitido y huido hacia su mansión de Sharm el Sheij, en el mar Rojo. Suiza ha congelado su fortuna, estimada en varios miles de millones de euros.
“¡Ha dimitido! ¡Ha dimitido!”, gritaban los manifestantes en El Cairo, Suez, Alejandría. No fue Hosni Mubarak quien comunicó a sus ciudadanos que tras 30 años abandonaba la presidencia, sino Omar Suleiman, el vicepresidente, ex jefe de los servicios secretos y mano derecha: “En las difíciles circunstancias que atraviesa el país, el presidente Hosni Mubarak ha decidido abandonar su cargo. Ha encargado al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas que dirija los asuntos del Estado”.
El líder opositor Mohamed el Baradei celebró la dimisión a través de su Twitter: "El país ya está libre", "Este es el mejor día de mi vida", ha expresado. Los Hermanos Musulmanes, considerados la principal fuerza opositora, han felicitado a los egipcios por lograr "la principal meta de la revolución". "Saludo al pueblo egipcio y sus mártires. Este es el día de la victoria para el pueblo egipcio", ha dicho un dirigente de la organización a Reuters.
Pero la mayor potencia del mundo árabe ahora cuenta también con una nueva generación de políticos: los 20 o 30 jóvenes profesionales que organizaron a través de Facebook y el correo electrónico una revolución inspirada en la de Túnez, pero de volumen y consecuencias mucho mayores.
El líder de ese grupo, Wael Ghoneim, ejecutivo comercial de Google en la región, casado con una estadounidense e ideológicamente liberal, representa mejor que nadie tanto el rostro como el impulso de una generación egipcia que desea libertad política, económica, social y religiosa, en un sistema capaz de integrar con igual comodidad a los Hermanos Musulmanes, a los profesionales laicos y al Egipto rural y analfabeto.
La fase que comienza ahora en Egipto será decisiva, no sólo para el país sino también para sus vecinos. Del transcurso de los próximos acontecimientos dependerá el que el proceso acabe en comicios justos o no. La caída de Mubarak, celebrada por Estados Unidos y Europa, abre también una nueva etapa en Oriente Próximo. Mientras Israel y Arabia Saudí expresaron su inquietud por el cambio, los islamistas de Gaza como Hamás, Irán y Líbano lo vieron como una oportunidad.
sábado, 5 de febrero de 2011
¿A dónde fueron los islamistas?
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| Una mujer besa a su hijo soldado durante las revueltas que buscan la dimisión de Mubarak |
Por Olivier Roy
La novedosa peculiaridad de la primera revolución popular pacífica capaz de derrocar una dictadura en el mundo árabe ha consistido en que no ha tenido nada que ver con el islamismo.
El joven vendedor ambulante tunecino que desencadenó la revuelta al quemarse en público nos recuerda a los monjes budistas vietnamitas en 1963 o a Jan Palach en Checoslovaquia en 1969, unos actos de naturaleza precisamente opuesta a la de las bombas suicidas que son la marca registrada del actual terrorismo islámico.
Incluso en este acto sacrificial no ha habido nada de religioso: ningún turbante verde o negro, ninguna túnica blanca, nada de ¡Alá Akbar!, nada de llamamientos a la yihad. Se ha tratado, por el contrario, de una protesta individual, desesperada y absoluta, sin una palabra sobre el paraíso o la salvación. En este caso el suicidio era el último acto de libertad dirigido a avergonzar al dictador y a instar a la gente a reaccionar. Era un llamamiento a la vida, no a la muerte.
En las sucesivas manifestaciones en las calles, no se invocó un Estado islamista, ni los manifestantes se pusieron sudarios blancos frente a las bayonetas, como en Teherán en 1978. Ninguna referencia a la sharía ni a la ley islámica. Y, lo más sorprendente, ningún "¡abajo el imperialismo de Estados Unidos!". El odiado régimen era percibido como indígena, como el resultado del miedo y de la pasividad, y no como la marioneta del neocolonialismo francés o norteamericano, a pesar del refrendo que había obtenido por parte de la élite política francesa.
En vez de ello, los manifestantes pedían libertad, democracia y elecciones con pluralidad de partidos. Dicho sencillamente, querían verse libres de la cleptocrática familia gobernante ("¡dégage!", o sea "¡despeja!", ha sido la popular expresión francesa utilizada como consigna).
En esta sociedad musulmana nada se ha puesto de manifiesto acerca de "un excepcionalismo islámico". Y, al final, cuando los líderes islamistas reales han vuelto de su exilio en Occidente (sí, estaban en Occidente, no en Afganistán ni en Arabia Saudí) estos, como Rachid Ghanuchi, han hablado de elecciones, Gobierno de coalición y de estabilidad, al tiempo que mantenían un bajo perfil.
¿Han desaparecido los islamistas?
No. Pero, al menos en África del Norte, muchos de ellos se han convertido en demócratas. Es verdad que grupos marginales han seguido la senda de una yihad global y nómada, y que vagabundean por el Sahel en busca de rehenes, pero no cuentan con el apoyo real de la población. Esa es la razón por la que se han ido al desierto.
Sin embargo, esos salteadores de caminos siguen estando considerados por los Gobiernos occidentales como una amenaza estratégica que dificulta el diseño de una política a largo plazo. Otros islamistas sencillamente han dejado la política y se han encerrado en casa para seguir un piadoso y conservador, aunque apolítico, estilo de vida. Al igual que a sus mujeres, le han puesto un burka a sus vidas.
Pero el grueso de los antiguos islamistas ha llegado a la misma conclusión que la generación que fundó el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) en Turquía: no hay tercera vía entre democracia y dictadura. Solamente hay dictadura y democracia.
Este reconocimiento del fracaso del islam político ha coincidido con el talante de esa nueva generación de manifestantes en Túnez. La nueva generación árabe no está motivada por la religión o la ideología, sino por la aspiración a una transición pacífica hacia un Gobierno decente, democrático y "normal". Tan solo quieren ser como los demás.
La revuelta tunecina ayuda a aclarar una realidad respecto del mundo árabe: el terrorismo que hemos contemplado estos últimos años, que es un milenarismo utópico, no proviene de las sociedades reales de Medio Oriente. Es mucho más fácil encontrar radicales islámicos en Occidente que en estos países.
Naturalmente, el cuadro difiere entre un país y otro. La generación posislamista es más visible en el norte de África que en Egipto o Yemen, por no hablar de Pakistán, que es un país que se derrumba. Pero en todo Medio Oriente árabe, la generación que está liderando la protesta contra la dictadura no tiene un carácter islámico.
Eso no quiere decir que no queden grandes desafíos a los que enfrentarse. De hecho, son muchos: cómo encontrar líderes políticos que puedan estar a la altura de las expectativas populares; cómo evitar los escollos de la anarquía; cómo reconstruir los vínculos políticos y sociales que han sido deliberadamente destruidos por los regímenes dictatoriales y reconstruir una sociedad civil.
Pero hay al menos una cuestión inmediatamente suscitada por la revolución tunecina.
¿Por qué sigue apoyando Occidente a la mayoría de las dictaduras de Medio Oriente incluso cuando esta oleada democrática agita la región? En el pasado, por supuesto, la respuesta ha sido que Occidente ha visto en los regímenes autoritarios el mejor baluarte contra el islamismo.
Esa fue la razón oculta de su apoyo a la cancelación de las elecciones de Argelia en 1990, de que se hiciera la vista gorda con el tinglado de las elecciones egipcias y de que se ignorara lo que los palestinos eligieron en Gaza.
A la luz de la experiencia tunecina ese planteamiento tiene que volver a ser evaluado. En primer lugar, porque esos regímenes ya no constituyen un baluarte fiable. Podrían simplemente desmoronarse en cualquier momento. En segundo lugar, ¿contra qué son un baluarte si la nueva generación es posislamista y prodemocrática?
Del mismo modo que Túnez ha supuesto un momento decisivo para el mundo árabe tiene también que suponer un momento decisivo en la política occidental respecto a la región. La realpolitik de hoy significa apoyar la democratización de Medio Oriente.
Publicado en El País
lunes, 31 de enero de 2011
Revuelta en el mundo árabe
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| Protestas en Egipto |
La caída del régimen del ex presidente de Túnez, Ben Ali, el 14 de enero, fue para millones de árabes la prueba de que el cambio político mediante las protestas callejeras es posible. El descontento engendrado durante décadas en casi todos los países árabes se ha convertido en pocas semanas en una marea de protestas contra miserias comunes: el alza de los precios de los alimentos, la pobreza, el desempleo y los regímenes autoritarios. Los líderes responden aquí y allá con anuncios de medidas improvisadas para frenar la ira popular y mantenerse en el poder.
EGIPTO. El Cairo ha sido escenario de las mayores protestas callejeras desde que Hosni Mubarak accedió al poder en 1981. También ha habido marchas en Alejandría, Suez y otras ciudades. Ni la salida de los tanques a la calle, ni la brutalidad de la policía, ni el apagón de los teléfonos móviles e Internet han neutralizado la movilización ciudadana contra el rais.
La semana pasada tres egipcios se prendieron fuego emulando al joven tunecino que encendió la mecha de la contestación popular.
Al día siguiente de la caída del régimen tunecino, el ministro de Exteriores egipcio, Ahmad Abul Gheit, calificó de "absurdos" los temores de contagio a otros países de la región. "Cada sociedad tiene sus propias especificidades. Aquellos que buscan provocar una escalada no lograrán sus objetivos", declaró.
TÚNEZ. El desesperado Mohamed Buazizi se quemó a lo bonzo en diciembre, murió semanas después y se convirtió en un símbolo para los tunecinos de todas las edades, clases y regiones. La movilización popular continuó tras la huida del déspota, y de su odiada esposa, a Arabia Saudí. Solo la salida del Gobierno de transición de los miembros del partido del dictador, salvo el primer ministro, ha llevado la normalidad al país.
El comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos asegura que las fuerzas de seguridad mataron a 117 personas en las protestas (incluidas 70 a tiros). El Gobierno asegura que fueron 78 los muertos.
SIRIA. La policía impidió ayer una sentada de medio centenar de jóvenes en solidaridad con los manifestantes egipcios. También hay convocada una manifestación para finales de la próxima semana. Será una prueba para Bachar el Asad, que heredó en 2000 la jefatura del Estado a la muerte de su padre, Hafez, tras 30 años en el poder.
ARGELIA. Fue el primer país donde tuvieron réplica las movilizaciones iniciales del vecino Túnez. A principios de mes hubo manifestaciones en Argel y otras ciudades en protesta por el drástico aumento de los precios, revueltas y pillaje. Murió una veintena de personas, la mayoría por disparos de la policía, según la oposición. La semana pasada, cuatro hombres se quemaron. Las autoridades han abaratado algunos alimentos para aplacar la ira ciudadana.
JORDANIA. Unos 200 activistas se manifestaron ayer frente a las oficinas del primer ministro, Samir Rifai, para exigir su dimisión al grito de "nuestro Gobierno son un puñado de ladrones". Exhibían pancartas con el lema "No a la pobreza, no al hambre".
El viernes pasado, unas 3.000 personas -con los islamistas al frente y acompañados de izquierdistas y sindicalistas- marcharon en Ammán y corearon, a la salida del rezo del viernes, "Queremos el cambio". El Gobierno ha anunciado la bajada de precios de alimentos básicos, la subida del sueldo de los funcionarios y medidas para crear empleo, medidas insuficientes a juicio de los que se han echado a la calle en la capital y en otras ciudades jordanas.
El rey Abdalá, de 49 años, que nombra el Gobierno, aprueba la legislación y puede disolver el Parlamento, según establece la Constitución, pidió el jueves pasado a los legisladores que se esfuercen más por aliviar las penurias económicas de la población y que aceleren las reformas políticas. El monarca se enfrenta a la resistencia de los más conservadores del estamento dirigente a los cambios, porque temen el auge de los islamistas, informa Reuters.
ARABIA SAUDI. Decenas de personas fueron detenidas el viernes en Yeda, la segunda ciudad del reino, tras manifestarse en contra de la maltrecha infraestructura. Las protestas callejeras son algo inédito en el país. La manifestación fue convocada mediante el envío masivo de mensajes a teléfonos BlackBerry instando a los ciudadanos a movilizarse tras las inundaciones que aún mantenían parte de la ciudad anegada. Otro envío masivo anima a los funcionarios y a los empleados del sector privado a hacer huelga la semana que viene "hasta que arreglen las carreteras de Yeda".
El miércoles, el rey Abdalá, que está en Marruecos recuperándose de una intervención quirúrgica en Estados Unidos, ordenó a las autoridades que aceleraran las tareas de rescate y les advirtió de que no se demoraran en actuar. El monarca defendió ayer al presidente Mubarak.
YEMEN. Unas 16.000 personas salieron el jueves a la calle en Yemen -el país más pobre del mundo árabe- para exigir reformas políticas y el fin del régimen del presidente Ali Abdalá Saleh, que lleva en el poder desde 1980, un año antes que Mubarak.
SUDÁN. Los estudiantes se movilizaron en las universidades de Jartum y de Gezira contra el anuncio de reducir los subsidios a los productos del petróleo y el azúcar. Las movilizaciones se extendieron a otras zonas. La policía les lanzó botes de humo. Los precios de otros productos básicos han subido también debido a la crisis mundial y a la devaluación de la moneda local.
OMÁN. Unas 200 personas se echaron a la calle para reclamar al Gobierno el fin de la corrupción y que frene la escalada de precios de los alimentos.
MAURITANIA. Un sexagenario se inmoló el día 17 contra el supuesto maltrato de las autoridades a su tribu.
LIBIA. El régimen de Gadafi, que se solidarizó con el derrocado Ben Ali al principio pero el viernes respaldó la revolución, ha abolido algunos impuestos sobre alimentos como arroz, aceite vegetal, azúcar o papillas para contrarrestar la subida mundial del precio de los alimentos.
Con información de El País.
viernes, 28 de enero de 2011
El presidente egipcio Hosni Mubarak anuncia reformas pero no deja el poder
Las ciudades de El Cairo, Alejandría y Suez se han convertido en un campo de batalla. Miles de personas motivadas por el elevado desempleo y corrupción se han enfrentado a la policía y al Ejército, lo que ha dejado 29 muertos y más de 1.000 heridos. Los egipcios exigen la dimisión del presidente Hosni Mubarak, quien lleva 30 años en el poder.
El presidente egipcio se dirigió anoche a la nación por medio de un mensaje emitido por la cadena estatal Nile TV y dejó claro que no tiene la intención de seguir el ejemplo de su homólogo tunecino Ben Ali, que dejó el poder el 14 de enero forzado por la contestación popular. Hosni Mubarak anunció la formación de un nuevo Gobierno y dijo que atenderá las demandas ciudadanas: "Estoy de lado de la libertad de cada ciudadano, pero hay una delgada línea entre la libertad y el caos”, informó Reuters.
Mubarak aseguró que trabajará por la seguridad y por la libertad de los egipcios, así como por mejorar la economía del país: “Se darán nuevos pasos hacia la democracia y la libertad y para afrontar el desempleo y mejorar las condiciones de vida y servicios, así como para ayudar a los más necesitados", respecto a un programa de reformas anunciadas.
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, llamó a Egipto, su principal aliado tras Israel, a evitar el caos: "La violencia no es la respuesta para resolver problemas en Egipto. El gobierno debe ser cuidadoso de no usarla y también la gente en las calles".
Cabe destacar que la ola de violencia no está patrocinada por los Hermanos Musulmanes, la principal fuerza opositora del régimen. Un portavoz de la organización aseguró que este viernes ellos no liderarían la revuelta, pero apoyarían al pueblo egipcio.
Nacidos en 1928, los Hermanos Musulmanes tomaron los conocimientos de su fundador Hasan el Banna, un maestro de lengua árabe durante la época colonial que tenía como preceptos la acción islamista y la organización de masas. De ahí que los Hermanos insistan en la creación de un Estado gobernado por la aplicación estricta de la ley islámica, o Sharia. Gracias a la fuerte presencia en las zonas más marginadas de Egipto, el grupo tiene muchos seguidores.
Mubarak, Estados Unidos y los países europeos se oponen a la imposición de la Sharia, miedo que los ha llevado a ilegalizar y perseguir a todo Hermano Musulmán desde 1954 y durante todo el mandato de Gamal Abdel Nasser (1952-1970).
Entre las demandas de los Hermanos Musulmanes están la abolición del estado de emergencia en el que Egipto permanece desde el asesinato de Sadat en 1981 y por el cual el Estado detiene arbitrariamente a los miembros de su grupo; la disolución del nuevo Parlamento y la celebración de elecciones libres y justas; la enmienda de los artículos 76, 77 y 78 de la Constitución, relacionados con el sistema electoral; unas elecciones presidenciales con base a esas enmiendas, el cese del actual gobierno y la formación de uno nuevo que responda a las demandas del pueblo egipcio.
miércoles, 26 de enero de 2011
Pueblos del Magreb buscan la destitución de sus “faraones”
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| Protestas en Egipto |
En Túnez, Egipto, Libia, Argelia y Mauritania han ocurrido violentas manifestaciones contra sus respectivos mandatarios, la mayoría regímenes autoritarios. Tras la caída del dictador Ben Alí en Túnez: las juventudes urbanas de estos países árabes del norte de África, salieron a las calles para protestar contra estos regimenes y reclamar su libertad, trabajo y mejores condiciones de vida.
En El Cairo, Egipto, miles de personas tomaron las calles después de que una persona se quemó a lo bonzo en protesta contra el mandatario Hosni Mubarak, quien está en el poder desde 1981 y acusan de generar más pobreza y perpetuarse en el poder.
Egipto cuenta con 81 millones de habitantes, es el país más poblado del mundo árabe y con más jóvenes, cuya renta per capita es de 6.000 dólares anuales. El analista Javier Valenzuela asegura que para “Estados Unidos, es crucial disponer ahí de un régimen policial sólido que garantice la seguridad de Israel, y por eso le regala anualmente miles de millones de dólares desde la firma de los acuerdos de paz de Camp David, en 1978. Y al establishment europeo le paraliza el miedo a que la caída de Mubarak suponga la llegada al poder de los Hermanos Musulmanes. Europa sigue actuando en base a la errónea idea de que la autocracia es la única alternativa posible a la teocracia en el norte de África”.
Y es que en Egipto los Hermanos Musulmanes son quienes estructuran la oposición a la dictadura, y está última justifica su actuar casi permanente para no permitir ningún brote de islamismo radical.
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| Manifestantes piden en El Cairo la salida del presidente Mubarak |
En Argelia, otros dos ciudadanos se inmolaron ante oficinas de gobierno y decenas de jóvenes se enfrentaron con la policía exigiendo empleo y democracia. Mientras en Libia, Moamar Gadafi (que se solidarizó con Ben Ali hasta el final) y gobierna desde 1969 censuró Internet para ocultar imágenes de las rebeliones vecinas.
Pero gracias a las televisiones por satélite (las occidentales y Al Yazira), las redes sociales y blogueros, los pueblos árabes se han informado de lo que ocurre en su entorno y se han lanzado a la rebelión.
"Hay una rebelión en el mundo árabe por muchas razones: internas, regionales e incluso internacionales. Como dije claramente en una cumbre, el ciudadano árabe está enojado, está frustrado", dijo Amr Moussa, secretario general de la Liga Árabe.
domingo, 23 de enero de 2011
Calderón autoriza que Estados Unidos interrogue a inmigrantes
En el afán de ayudar a que Estados Unidos siga la pista del terrorismo internacional, Felipe Calderón autorizó a la policía norteamericana interrogar directamente a los miles de indocumentados (la mayoría centroamericanos que son secuestrados por sicarios o estafados por los coyotes) detenidos en México, según los documentos del Departamento de Estado dados por Wikileaks y publicados por El País.
Los cables de los diplomáticos norteamericanos revelan que el CISEN (Centro de Investigación y Seguridad Nacional) autorizó que los indocumentados fueran interrogados por el FBI y otras agencias de seguridad a requerimiento de las autoridades norteamericanas, obsesionadas con la posibilidad de que el terrorismo internacional aproveche la porosidad de la frontera para atacar Estados Unidos.
Según los documentos, los cuerpos de seguridad norteamericanos implicados en lucha antiterrorista consideran anárquico el funcionamiento de los servicios de inteligencia mexicanos y se muestran irritados por la corrupción institucional. "En lugar de concentrar a los detenidos [inmigrantes indocumentados] en una instalación cerca de la capital, las autoridades migratorias detienen y liberan a los detenidos en el mismo lugar donde los encontraron", lamenta la Embajada en un informe enviado al subdirector del FBI (Oficina Federal de Investigación) John S. Pistole poco antes de su viaje a México en 2008.
Las quejas norteamericanas sobre irresponsabilidad policial: "El CISEN, que es nuestro principal interlocutor en la lucha antiterrorista, ha permitido a funcionarios del Gobierno de Estados Unidos entrevistar a los extranjeros detenidos en los diferentes centros de detención desplegados por todo el país para recabar potencial información sobre terrorismo". Estados Unidos considera que la extensión de su frontera sur con México y el escaso control policial ejercido por la policía mexicana sobre el intenso cruce de personas y mercancías lo convierte en un país adecuado para los grupos terroristas dispuestos a lanzar un ataque contra su territorio.
"Un caos rampante, la generalizada corrupción y la incapacidad del Gobierno para combatir esos fenómenos han sido percibidos como unas preocupantes amenazas por quienes buscan en nuestra frontera sur signos de potencial infiltración terrorista", comunicó la Embajada al subdirector del FBI.
Y pese a que Calderón ha desplegado más de 40.000 soldados (que ha causado la muerte de más de 15 000 personas), ofensiva contra el delito organizado que desencadenó "violentas luchas dentro de los carteles, así como ataques a los cuerpos de seguridad y un número récord de muertes relacionadas con el narcotráfico", esto no es suficiente para Estados Unidos que considera que el gobierno mexicano "tiene otra mirada" respecto a los asuntos de seguridad que interesan a Estados Unidos.
Corrupción en la policía
El embajador en México, Carlos Pascual, alertó sobre el pobre aprovechamiento de los servicios de inteligencia mexicanos, en un informe de noviembre de 2009 remitido al Departamento de Estado. Cita la desconfianza, los celos y la rivalidad entre los diferentes aparatos de inteligencia nacionales como sus principales vicios: "En una reciente entrevista con funcionarios de la Embajada, el Secretario [ministro] de Defensa, Guillermo Galván, demostró escaso interés en reforzar la cooperación con otras agencias".
Las filtraciones de policías corruptos sobre operaciones en marcha y el subdesarrollo del espionaje nacional son mencionados como causa de muchos fracasos. El delito organizado dispone de informantes dentro de los propios organismos de seguridad. "La desconfianza entre (y dentro) de las instituciones del Gobierno mexicano", es uno de los principales problemas, ha subrayado el cable de Pascual.
La SEDENA, por ejemplo, ha constituido unidades de inteligencia sobre los capos de la droga con información y análisis que no comparte con los destacamentos castrenses establecidos sobre el terreno en Ciudad Juárez y otras poblaciones. Los pelotones locales suelen actuar avisados por algún chivatazo, sin servicios de inteligencia profesionalizados, y se acercan al lugar señalado prácticamente a ciegas. Las unidades de inteligencia del Ejército sospechan que comandantes domiciliados en los feudos de las mafias sirven a los narcos a cambio de fuertes sumas.
Tres meses después del envío al Departamento de Estado del informe diplomático sobre el anárquico funcionamiento de los servicios de inteligencia, Felipe Calderón solicitó ayuda a la secretaria de Seguridad Interior norteamericana, Janet Napolitano, para poner orden en Ciudad Juárez.
Calderón pidió la entrada del Centro de Inteligencia de El Paso (EPIC). Napolitano respondió que el EPIC podía identificar los objetivos, pero el despliegue militar y policial, "capaz de supervisar todos los bloques de viviendas" debía corresponder a México. Durante esa reunión, el presidente reconoció que el cartel de Juárez controlaba la ciudad, pero el cartel de Sinaloa llegó más tarde reclamando su parte, lo que condujo a cruentos choques entre las bandas y al reclutamiento de sicarios.
En uno de los cables Calderón dijo a tres legisladores norteamericanos que está convencido de que los carteles mexicanos "tienen poderosos lazos en Estados Unidos, y un día podrían llegar a usar las agresivas técnicas de aquí contra la policía norteamericana, a menos de que [México y EU] triunfen en la lucha común contra el delito".
Con información de El País
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| El Centro de Investigación y Seguridad Nacional autorizó que los indocumentados fueran interrogados por el FBI |
En el afán de ayudar a que Estados Unidos siga la pista del terrorismo internacional, Felipe Calderón autorizó a la policía norteamericana interrogar directamente a los miles de indocumentados (la mayoría centroamericanos que son secuestrados por sicarios o estafados por los coyotes) detenidos en México, según los documentos del Departamento de Estado dados por Wikileaks y publicados por El País.
Los cables de los diplomáticos norteamericanos revelan que el CISEN (Centro de Investigación y Seguridad Nacional) autorizó que los indocumentados fueran interrogados por el FBI y otras agencias de seguridad a requerimiento de las autoridades norteamericanas, obsesionadas con la posibilidad de que el terrorismo internacional aproveche la porosidad de la frontera para atacar Estados Unidos.
Según los documentos, los cuerpos de seguridad norteamericanos implicados en lucha antiterrorista consideran anárquico el funcionamiento de los servicios de inteligencia mexicanos y se muestran irritados por la corrupción institucional. "En lugar de concentrar a los detenidos [inmigrantes indocumentados] en una instalación cerca de la capital, las autoridades migratorias detienen y liberan a los detenidos en el mismo lugar donde los encontraron", lamenta la Embajada en un informe enviado al subdirector del FBI (Oficina Federal de Investigación) John S. Pistole poco antes de su viaje a México en 2008.
Las quejas norteamericanas sobre irresponsabilidad policial: "El CISEN, que es nuestro principal interlocutor en la lucha antiterrorista, ha permitido a funcionarios del Gobierno de Estados Unidos entrevistar a los extranjeros detenidos en los diferentes centros de detención desplegados por todo el país para recabar potencial información sobre terrorismo". Estados Unidos considera que la extensión de su frontera sur con México y el escaso control policial ejercido por la policía mexicana sobre el intenso cruce de personas y mercancías lo convierte en un país adecuado para los grupos terroristas dispuestos a lanzar un ataque contra su territorio.
"Un caos rampante, la generalizada corrupción y la incapacidad del Gobierno para combatir esos fenómenos han sido percibidos como unas preocupantes amenazas por quienes buscan en nuestra frontera sur signos de potencial infiltración terrorista", comunicó la Embajada al subdirector del FBI.
Y pese a que Calderón ha desplegado más de 40.000 soldados (que ha causado la muerte de más de 15 000 personas), ofensiva contra el delito organizado que desencadenó "violentas luchas dentro de los carteles, así como ataques a los cuerpos de seguridad y un número récord de muertes relacionadas con el narcotráfico", esto no es suficiente para Estados Unidos que considera que el gobierno mexicano "tiene otra mirada" respecto a los asuntos de seguridad que interesan a Estados Unidos.
Corrupción en la policía
El embajador en México, Carlos Pascual, alertó sobre el pobre aprovechamiento de los servicios de inteligencia mexicanos, en un informe de noviembre de 2009 remitido al Departamento de Estado. Cita la desconfianza, los celos y la rivalidad entre los diferentes aparatos de inteligencia nacionales como sus principales vicios: "En una reciente entrevista con funcionarios de la Embajada, el Secretario [ministro] de Defensa, Guillermo Galván, demostró escaso interés en reforzar la cooperación con otras agencias".
Las filtraciones de policías corruptos sobre operaciones en marcha y el subdesarrollo del espionaje nacional son mencionados como causa de muchos fracasos. El delito organizado dispone de informantes dentro de los propios organismos de seguridad. "La desconfianza entre (y dentro) de las instituciones del Gobierno mexicano", es uno de los principales problemas, ha subrayado el cable de Pascual.
La SEDENA, por ejemplo, ha constituido unidades de inteligencia sobre los capos de la droga con información y análisis que no comparte con los destacamentos castrenses establecidos sobre el terreno en Ciudad Juárez y otras poblaciones. Los pelotones locales suelen actuar avisados por algún chivatazo, sin servicios de inteligencia profesionalizados, y se acercan al lugar señalado prácticamente a ciegas. Las unidades de inteligencia del Ejército sospechan que comandantes domiciliados en los feudos de las mafias sirven a los narcos a cambio de fuertes sumas.
Tres meses después del envío al Departamento de Estado del informe diplomático sobre el anárquico funcionamiento de los servicios de inteligencia, Felipe Calderón solicitó ayuda a la secretaria de Seguridad Interior norteamericana, Janet Napolitano, para poner orden en Ciudad Juárez.
Calderón pidió la entrada del Centro de Inteligencia de El Paso (EPIC). Napolitano respondió que el EPIC podía identificar los objetivos, pero el despliegue militar y policial, "capaz de supervisar todos los bloques de viviendas" debía corresponder a México. Durante esa reunión, el presidente reconoció que el cartel de Juárez controlaba la ciudad, pero el cartel de Sinaloa llegó más tarde reclamando su parte, lo que condujo a cruentos choques entre las bandas y al reclutamiento de sicarios.
En uno de los cables Calderón dijo a tres legisladores norteamericanos que está convencido de que los carteles mexicanos "tienen poderosos lazos en Estados Unidos, y un día podrían llegar a usar las agresivas técnicas de aquí contra la policía norteamericana, a menos de que [México y EU] triunfen en la lucha común contra el delito".
Con información de El País
Los Zetas fueron adiestrados por Estados Unidos
Washington ha entrenado, en México y en Estados Unidos, a 5.000 militares mexicanos desde el año 1996, incluyendo miembros de las Fuerzas Especiales, en las que sirvieron destacados miembros de los Zetas. La comprobación de la Embajada se efectuó con las limitaciones propias de una banda que, lógicamente, no publica el nombre de sus integrantes. La legación redactó una lista con todos los Zetas detenidos, muertos e identificados y cotejó sus identidades con los nombres y apellidos de los 5.000 militares acogidos a los programas de entrenamiento.
Uno de ellos era Rogelio López Villafana, un ex militar del Ejército mexicano, entrenado por Estados Unidos reclutado a la fuerza por los Zetas y, más tarde, implicado en un plan para asesinar al ex Fiscal General adjunto, José Luis Vasconcelos. Fue detenido. La revelación viene contenida en un cable (221688), emitido en el 2009.
López Villafana recibió adiestramiento contra el narcotráfico en Fort Bragg, y el Ejército mexicano comunicó a la Embajada que López se retiró de sus filas en el año 2007 después de 20 años y ocho meses de servicio. El interés y dedicación de la Embajada en confirmar el posible cambio de bando de militares entrenados por Estados Unidos demuestra hasta qué punto es grave la infiltración del delito organizado en instituciones y cuarteles.
"Desde el momento en que no podemos conocer el nombre de cada soldado mexicano que se ha pasado a Los Zetas, no podemos rechazar categóricamente esta posibilidad", dice el cable. "Es imposible garantizar que cada soldado mexicano que reciba nuestro entrenamiento en el futuro no vaya a pasarse al delito organizado. No obstante, confiamos en que la legislación que condena a 60 años de cárcel a los soldados que han sido cómplices del delito organizado será una útil herramienta disuasoria".
Consulta el cable completo aqui.
Con informacion de El País.
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