sábado, 5 de marzo de 2011

Entendiendo la revuelta libia

Vámonos entendiendo el conflicto en Libia

Muanmar Gadafi es un dictador que lleva 41 años en el poder, tiene a su familia instalada en el todo los puestos de gobierno y no duda en reprimir todo acto de disidencia. Gadafi “creador” de la Jamahiriya, un sistema político quesque democrático, fundado en una república de las masas; y si las cosas no funcionan, es culpa de ellos.

Muanmar el Gadafi nació el 7 de junio de 1942 en Sirte, cuando Libia se llamaba Noráfrica Italiana. Tras la caída del imperio de Mussolini Libia paso a manos del rey Idris. En el ambiente imperaba un anticolonialismo, sentimiento que compartía la sociedad libia. El 1 de septiembre de 1969, Muanmar Gadafi que se había convertido en militar, participó en el golpe de Estado contra la monarquía. Más tarde lo nombraron presidente.

En su quehacer político internacional cabe destacar que Gadafi intentó “fusionar Libia con Egipto, Siria, Túnez y Sudán, que invadió Chad, que respaldó a los tres tiranos más sangrientos del África poscolonial (Bokassa en el Imperio Centroafricano, Idi Amin en Uganda, Mobutu en Zaire), que financió sin discriminaciones ideológicas a cualquier grupo guerrillero o terrorista que le pidiera dinero (solo exigía que el grupo en cuestión se definiera como "anticolonialista" o "antiimperialista"), y que participó en casos de terrorismo de Estado en el extranjero como la destrucción de dos aviones de pasajeros (UTA en 1986, Pan Am en 1988) o de una discoteca en Berlín (1986)”. Fuente, El País.

Los jóvenes son la principal fuerza opositora al régimen de Gadafi

A esto hay que sumarle los enfrentamientos entre leales y opositores a Gadafi que ya han cobrado numerosas vidas, sobre todo entre Bengasi, la capital de los sublevados, y Sirte, el verdadero objetivo de los rebeldes al ser la cuna del dictador y el gran baluarte de su poder junto a Trípoli.

Manifestantes leales al gobierno de Gadafi

Otro de los puntos donde se han librado violentos enfrentamientos es Ras Lanuf, una población costera junto a una importante refinería petrolera. En los enfrentamientos, militares afines a Gadafi persiguen a los comités revolucionarios en ciudades como Trípoli, Wazin, Nalut, Sirte que están controladas por el gobierno y lugares controlados por los rebeldes Bengasi, Al Biada, Shatat Darna, Tobruk y aledañas a Tripoli, zonas que ya no son controladas por el régimen de Gadafi.

Es el ímpetu de miles de jóvenes, como la Unión de Jóvenes de Libia que han convocado a marchas y buscan engrosarse en las filas de los rebeldes para luchar en una primera línea que se mueve muy despacio por la pésima preparación pues algunos son novatos.


Retratos de los muertos y desaparecidos durante las rebeliones que buscan tumbar a Gadafi

Estados Unidos siempre atento a que sus intereses petroleros en la región no se vean afectados, inmediatamente desplazó hacia las costas de Libia un portahelicópteros y otra nave cientos de marines a bordo.

La actuación militar en Libia es una opción que "necesita ser considerada de manera muy cuidadosa", dijo el secretario de Defensa, Robert Gates. Mientras la secretaria de Estado, Hillary Clinton, insistió ayer en que Estados Unidos seguirá hablando de ese asunto con sus aliados europeos y árabes, y que se seguirán estudiando diferentes medios para ayudar a la oposición libia.

Y es que entre las principales potencias no existe un consenso suficiente para proceder de inmediato. Entre los países europeos existen dudas, Estados Unidos quiere hacerlo casi por encargo, sin tomar plenamente la iniciativa, y todos quieren solicitar permiso al Consejo de Seguridad de la ONU, donde Rusia y China, probablemente, lo vetarían.

Los gobiernos de Brasil, Perú y Chile condenaron claramente la represión de manifestantes libios, mientras Fidel Castro acusó a Estados Unidos y la OTAN de instigar los levantamientos en Libia para invadir el país y aprovechar su riqueza petrolera. El Presidente venezolano Hugo Chávez mostró su preocupación por la crisis en el "país hermano", mientras que el Presidente Daniel Ortega de Nicaragua dijo que ha telefoneado a Gadafi para expresar su solidaridad.

Quienes de verdad padecen la obsesión de Gadafi por mantenerse en el poder, son los miles de refugiados (casi 20 000) que huyen de la guerra en el país. Todos cuentan historias similares: que les sacaron del trabajo y les pegaron, que les quitaron los celulares para impedir que hicieran fotos y que les obligaron a dar un rodeo en su éxodo para evitar las ciudades que los rebeldes habían tomado.

Fuente: El País, Canal 11, Deutsche Welle, The Guardian


Miles de refugiados salen del país rumbo a Egipto o Tunez

sábado, 19 de febrero de 2011

Dictaduras de Bahréin, Libia y Yemen reprimen protestas



Bahréin

Miles de bahreiníes se han manifestado durante los últimos días para reclamar reformas políticas. Soldados del Ejército de Bahréin dispararon contra medio millón de manifestantes que se dirigían a la Plaza Lulu. Los heridos superan los 100. La policía desalojó a la fuerza esta céntrica plaza de Manama, donde miles de manifestantes se concentraron para exigir reformas económicas.

Animados por las recientes revueltas en Egipto y Túnez, los chiíes, que constituyen la mayoría de la población autóctona de Bahréin, reclaman una monarquía constitucional que garantice sus derechos en igualdad con los de la minoría suní gobernante.

Los manifestantes exigen el cese del primer ministro, el jeque Khalifa bin Salman al Khalifa. El jeque Khalifa, tío del rey, lleva al frente del Gobierno desde la salida de los británicos en 1971. Los chiíes llevan años quejándose de discriminación y falta de libertades políticas. Entre 1994 y 1999, sus protestas se saldaron con 40 muertos.

Ahora los manifestantes se esfuerzan por dejar claro que no tienen ningún motivo sectario y que el vecino Irán no está involucrado. El líder de la oposición chií, el jeque Ali Salmán, aseguró durante una conferencia de prensa que no quieren ni la caída del régimen ni la instauración de un Estado religioso como el iraní. Su aspiración, dijo, es "un Estado democrático, una monarquía constitucional, en la que el Gobierno sea elegido por el pueblo".

Flanqueado por Arabia Saudí y Catar, Bahréin es mucho menos rico en petróleo que sus vecinos. El reino, que alberga la V Flota estadounidense, es un centro financiero.

Libia



Asimismo, el régimen de Muamar Gadafi ha mandado al ejército a reprimir las protestas, que ya causaron desde jueves la muerte de al menos 46 personas, la mayoría por disparos de la policía. Esta es la mayor oleada de protestas desde que hace casi 42 años que Muamar el Gadafi llegó al poder. Las última noticia es que Gadafi ha cortado Internet, según información difundida por Arbor Networks, una empresa de EE UU que vigila el tráfico en la Red.

Yemen

Las protestas que piden la salida del presidente yemení, Ali Abdalá Saleh que lleva en el poder desde 1978, ya dejó al menos cuatro muertos en el sur del país.

Los yemeníes buscan la salida de todos los familiares del presidente de la dirección de las fuerzas de seguridad y que todos los temas e interlocutores debatan. Según El País: "El régimen nos ha robado el pasado, tenemos que luchar por el futuro", declaró Arwa Othman, una de las escasas mujeres presentes en la manifestación. "El presidente es un cobarde, en vez de enviar al Ejército envía a policías vestidos de civil", añadió un joven. Essam, un hombre que se identifica como capitán del Ejército y muestra su carné militar, confirma ese extremo: "Han sacado a delincuentes de la cárcel y los dirigen policías de paisano". También asegura que hay oficiales que respaldan la exigencia de un cambio de régimen. "La semana pasada coincidí con un general en la manifestación. Nos han ofrecido dinero para que no participemos, pero lo he rechazado. Quiero un ejército profesional, no una milicia privada para defender a una familia".

domingo, 13 de febrero de 2011

La Berlinale se solidariza con Jafar Panahi


Una silla vacía en la inauguración de la Berlinale fue la imagen más emblemática del Festival de cine en la capital alemana. Un lugar vacío similar al que no ocupó el disidente chino Liu Xiaobo en la entrega del premio Nobel de la Paz 2010. Esta vez era la silla de Jafar Panahi, cineasta iraní, encarcelado en su país por el delito de "propaganda contra el régimen".

La Berlinale se ha solidarizado con Panahi, uno de los cineastas más influyentes de la denominada "Nueva ola iraní", quien es profundamente crítico con la situación social en su país y ha retado con frecuencia a la censura y la presión política ejercida desde el gobierno de Teherán.

Isabella Rossellini, quien preside el jurado de la edición número 61 de la Berlinale afirmó que: "El simple hecho de invitar a Panahi para formar parte del jurado, aún sabiendo que había la posibilidad de que no estuviera aquí, ha sido una señal clara, por parte de la organización, a favor de la libertad de expresión".

Antes de iniciarse en el cine, Panahi rodó numerosos cortos y documentales para la televisión iraní y trabajó como asistente de director en varias películas. Sus cintas han recibido entre otros el León de Oro en el Festival Internacional de Cine de Venecia, por "El círculo" (Dayereh, 2000), y el Oso de Oro en la Berlinale, por "Offside", en 2006.



Con su debut en el cine, "El globo blanco" (1995), ganó la Cámara de Oro en el Festival de Cine de Cannes, mientras que con "El espejo" (Ayneh, 2003) se hizo con el Leopardo de Oro en Locarno. "Crimson Gold" (Talaye Sorkh, 2003) le dio el Premio del Jurado en Cannes. Su último trabajo, el corto "El acordeón", fue estrenado este año en Venecia.

Este año la Berlinale ha programado fuera de concurso la proyección de cuatro películas de Jafar Panahi, entre ellas “Offside” que relata la vida de las mujeres en la sociedad iraní, que están “fuera de juego” hasta cuando juegan al fútbol.

viernes, 11 de febrero de 2011

La era de Mubarak ha terminado


Los egipcios no se dieron por vencidos durante 18 días y han logrado su objetivo: Hosni Mubarak, dictador que gobernó durante 30 años, ha dimitido y huido hacia su mansión de Sharm el Sheij, en el mar Rojo. Suiza ha congelado su fortuna, estimada en varios miles de millones de euros.

“¡Ha dimitido! ¡Ha dimitido!”, gritaban los manifestantes en El Cairo, Suez, Alejandría. No fue Hosni Mubarak quien comunicó a sus ciudadanos que tras 30 años abandonaba la presidencia, sino Omar Suleiman, el vicepresidente, ex jefe de los servicios secretos y mano derecha: “En las difíciles circunstancias que atraviesa el país, el presidente Hosni Mubarak ha decidido abandonar su cargo. Ha encargado al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas que dirija los asuntos del Estado”.


Así, el Ejército ha asumido temporalmente el poder, con la promesa de una “transición pacífica” hacia “una sociedad democrática”. Los militares, a quienes se les vio hoy ondear banderas y besar manifestantes, aseguraron querer respetar “la voluntad del pueblo”, sin dar mayores detalles.

El líder opositor Mohamed el Baradei celebró la dimisión a través de su Twitter: "El país ya está libre", "Este es el mejor día de mi vida", ha expresado. Los Hermanos Musulmanes, considerados la principal fuerza opositora, han felicitado a los egipcios por lograr "la principal meta de la revolución". "Saludo al pueblo egipcio y sus mártires. Este es el día de la victoria para el pueblo egipcio", ha dicho un dirigente de la organización a Reuters.

Pero la mayor potencia del mundo árabe ahora cuenta también con una nueva generación de políticos: los 20 o 30 jóvenes profesionales que organizaron a través de Facebook y el correo electrónico una revolución inspirada en la de Túnez, pero de volumen y consecuencias mucho mayores.

El líder de ese grupo, Wael Ghoneim, ejecutivo comercial de Google en la región, casado con una estadounidense e ideológicamente liberal, representa mejor que nadie tanto el rostro como el impulso de una generación egipcia que desea libertad política, económica, social y religiosa, en un sistema capaz de integrar con igual comodidad a los Hermanos Musulmanes, a los profesionales laicos y al Egipto rural y analfabeto.


“En Egipto hay muchos licenciados, buenos profesionales, gente inteligente a la que durante décadas se le ha negado todo, a la que se le ha robado la dignidad. Esas personas están ahora preparadas para poner sus conocimientos al servicio de la democracia. Le doy la enhorabuena al pueblo egipcio y por extensión a todos los árabes. Por fin la presión de la calle obliga a un déspota a marcharse. Esto es algo que un día le vamos a contar a nuestros nietos”, afirmó Hakam Abdel-Hadi, experto en Medio Oriente del canal de noticias Phoenix.

La fase que comienza ahora en Egipto será decisiva, no sólo para el país sino también para sus vecinos. Del transcurso de los próximos acontecimientos dependerá el que el proceso acabe en comicios justos o no. La caída de Mubarak, celebrada por Estados Unidos y Europa, abre también una nueva etapa en Oriente Próximo. Mientras Israel y Arabia Saudí expresaron su inquietud por el cambio, los islamistas de Gaza como Hamás, Irán y Líbano lo vieron como una oportunidad.

sábado, 5 de febrero de 2011

¿A dónde fueron los islamistas?

Una mujer besa a su hijo soldado durante las revueltas que buscan la dimisión de Mubarak

Por Olivier Roy

La novedosa peculiaridad de la primera revolución popular pacífica capaz de derrocar una dictadura en el mundo árabe ha consistido en que no ha tenido nada que ver con el islamismo.

El joven vendedor ambulante tunecino que desencadenó la revuelta al quemarse en público nos recuerda a los monjes budistas vietnamitas en 1963 o a Jan Palach en Checoslovaquia en 1969, unos actos de naturaleza precisamente opuesta a la de las bombas suicidas que son la marca registrada del actual terrorismo islámico.

Incluso en este acto sacrificial no ha habido nada de religioso: ningún turbante verde o negro, ninguna túnica blanca, nada de ¡Alá Akbar!, nada de llamamientos a la yihad. Se ha tratado, por el contrario, de una protesta individual, desesperada y absoluta, sin una palabra sobre el paraíso o la salvación. En este caso el suicidio era el último acto de libertad dirigido a avergonzar al dictador y a instar a la gente a reaccionar. Era un llamamiento a la vida, no a la muerte.

En las sucesivas manifestaciones en las calles, no se invocó un Estado islamista, ni los manifestantes se pusieron sudarios blancos frente a las bayonetas, como en Teherán en 1978. Ninguna referencia a la sharía ni a la ley islámica. Y, lo más sorprendente, ningún "¡abajo el imperialismo de Estados Unidos!". El odiado régimen era percibido como indígena, como el resultado del miedo y de la pasividad, y no como la marioneta del neocolonialismo francés o norteamericano, a pesar del refrendo que había obtenido por parte de la élite política francesa.

En vez de ello, los manifestantes pedían libertad, democracia y elecciones con pluralidad de partidos. Dicho sencillamente, querían verse libres de la cleptocrática familia gobernante ("¡dégage!", o sea "¡despeja!", ha sido la popular expresión francesa utilizada como consigna).

En esta sociedad musulmana nada se ha puesto de manifiesto acerca de "un excepcionalismo islámico". Y, al final, cuando los líderes islamistas reales han vuelto de su exilio en Occidente (sí, estaban en Occidente, no en Afganistán ni en Arabia Saudí) estos, como Rachid Ghanuchi, han hablado de elecciones, Gobierno de coalición y de estabilidad, al tiempo que mantenían un bajo perfil.

¿Han desaparecido los islamistas?

No. Pero, al menos en África del Norte, muchos de ellos se han convertido en demócratas. Es verdad que grupos marginales han seguido la senda de una yihad global y nómada, y que vagabundean por el Sahel en busca de rehenes, pero no cuentan con el apoyo real de la población. Esa es la razón por la que se han ido al desierto.

Sin embargo, esos salteadores de caminos siguen estando considerados por los Gobiernos occidentales como una amenaza estratégica que dificulta el diseño de una política a largo plazo. Otros islamistas sencillamente han dejado la política y se han encerrado en casa para seguir un piadoso y conservador, aunque apolítico, estilo de vida. Al igual que a sus mujeres, le han puesto un burka a sus vidas.

Pero el grueso de los antiguos islamistas ha llegado a la misma conclusión que la generación que fundó el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) en Turquía: no hay tercera vía entre democracia y dictadura. Solamente hay dictadura y democracia.

Este reconocimiento del fracaso del islam político ha coincidido con el talante de esa nueva generación de manifestantes en Túnez. La nueva generación árabe no está motivada por la religión o la ideología, sino por la aspiración a una transición pacífica hacia un Gobierno decente, democrático y "normal". Tan solo quieren ser como los demás.

La revuelta tunecina ayuda a aclarar una realidad respecto del mundo árabe: el terrorismo que hemos contemplado estos últimos años, que es un milenarismo utópico, no proviene de las sociedades reales de Medio Oriente. Es mucho más fácil encontrar radicales islámicos en Occidente que en estos países.

Naturalmente, el cuadro difiere entre un país y otro. La generación posislamista es más visible en el norte de África que en Egipto o Yemen, por no hablar de Pakistán, que es un país que se derrumba. Pero en todo Medio Oriente árabe, la generación que está liderando la protesta contra la dictadura no tiene un carácter islámico.

Eso no quiere decir que no queden grandes desafíos a los que enfrentarse. De hecho, son muchos: cómo encontrar líderes políticos que puedan estar a la altura de las expectativas populares; cómo evitar los escollos de la anarquía; cómo reconstruir los vínculos políticos y sociales que han sido deliberadamente destruidos por los regímenes dictatoriales y reconstruir una sociedad civil.

Pero hay al menos una cuestión inmediatamente suscitada por la revolución tunecina.

¿Por qué sigue apoyando Occidente a la mayoría de las dictaduras de Medio Oriente incluso cuando esta oleada democrática agita la región? En el pasado, por supuesto, la respuesta ha sido que Occidente ha visto en los regímenes autoritarios el mejor baluarte contra el islamismo.

Esa fue la razón oculta de su apoyo a la cancelación de las elecciones de Argelia en 1990, de que se hiciera la vista gorda con el tinglado de las elecciones egipcias y de que se ignorara lo que los palestinos eligieron en Gaza.

A la luz de la experiencia tunecina ese planteamiento tiene que volver a ser evaluado. En primer lugar, porque esos regímenes ya no constituyen un baluarte fiable. Podrían simplemente desmoronarse en cualquier momento. En segundo lugar, ¿contra qué son un baluarte si la nueva generación es posislamista y prodemocrática?

Del mismo modo que Túnez ha supuesto un momento decisivo para el mundo árabe tiene también que suponer un momento decisivo en la política occidental respecto a la región. La realpolitik de hoy significa apoyar la democratización de Medio Oriente.

Publicado en El País

lunes, 31 de enero de 2011

El Che Guevara alienta las protestas en Egipto

El Che Guevara en las protestas de Egipto que exigen la dimisión de Mubarak 


Revuelta en el mundo árabe

Protestas en Egipto

La caída del régimen del ex presidente de Túnez,  Ben Ali, el 14 de enero, fue para millones de árabes la prueba de que el cambio político mediante las protestas callejeras es posible. El descontento engendrado durante décadas en casi todos los países árabes se ha convertido en pocas semanas en una marea de protestas contra miserias comunes: el alza de los precios de los alimentos, la pobreza, el desempleo y los regímenes autoritarios. Los líderes responden aquí y allá con anuncios de medidas improvisadas para frenar la ira popular y mantenerse en el poder.

EGIPTO. El Cairo ha sido escenario de las mayores protestas callejeras desde que Hosni Mubarak accedió al poder en 1981. También ha habido marchas en Alejandría, Suez y otras ciudades. Ni la salida de los tanques a la calle, ni la brutalidad de la policía, ni el apagón de los teléfonos móviles e Internet han neutralizado la movilización ciudadana contra el rais.

La semana pasada tres egipcios se prendieron fuego emulando al joven tunecino que encendió la mecha de la contestación popular.

Al día siguiente de la caída del régimen tunecino, el ministro de Exteriores egipcio, Ahmad Abul Gheit, calificó de "absurdos" los temores de contagio a otros países de la región. "Cada sociedad tiene sus propias especificidades. Aquellos que buscan provocar una escalada no lograrán sus objetivos", declaró.

TÚNEZ. El desesperado Mohamed Buazizi se quemó a lo bonzo en diciembre, murió semanas después y se convirtió en un símbolo para los tunecinos de todas las edades, clases y regiones. La movilización popular continuó tras la huida del déspota, y de su odiada esposa, a Arabia Saudí. Solo la salida del Gobierno de transición de los miembros del partido del dictador, salvo el primer ministro, ha llevado la normalidad al país.
El comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos asegura que las fuerzas de seguridad mataron a 117 personas en las protestas (incluidas 70 a tiros). El Gobierno asegura que fueron 78 los muertos.

SIRIA. La policía impidió ayer una sentada de medio centenar de jóvenes en solidaridad con los manifestantes egipcios. También hay convocada una manifestación para finales de la próxima semana. Será una prueba para Bachar el Asad, que heredó en 2000 la jefatura del Estado a la muerte de su padre, Hafez, tras 30 años en el poder.

ARGELIA. Fue el primer país donde tuvieron réplica las movilizaciones iniciales del vecino Túnez. A principios de mes hubo manifestaciones en Argel y otras ciudades en protesta por el drástico aumento de los precios, revueltas y pillaje. Murió una veintena de personas, la mayoría por disparos de la policía, según la oposición. La semana pasada, cuatro hombres se quemaron. Las autoridades han abaratado algunos alimentos para aplacar la ira ciudadana.

JORDANIA. Unos 200 activistas se manifestaron ayer frente a las oficinas del primer ministro, Samir Rifai, para exigir su dimisión al grito de "nuestro Gobierno son un puñado de ladrones". Exhibían pancartas con el lema "No a la pobreza, no al hambre".

El viernes pasado, unas 3.000 personas -con los islamistas al frente y acompañados de izquierdistas y sindicalistas- marcharon en Ammán y corearon, a la salida del rezo del viernes, "Queremos el cambio". El Gobierno ha anunciado la bajada de precios de alimentos básicos, la subida del sueldo de los funcionarios y medidas para crear empleo, medidas insuficientes a juicio de los que se han echado a la calle en la capital y en otras ciudades jordanas.

El rey Abdalá, de 49 años, que nombra el Gobierno, aprueba la legislación y puede disolver el Parlamento, según establece la Constitución, pidió el jueves pasado a los legisladores que se esfuercen más por aliviar las penurias económicas de la población y que aceleren las reformas políticas. El monarca se enfrenta a la resistencia de los más conservadores del estamento dirigente a los cambios, porque temen el auge de los islamistas, informa Reuters.

ARABIA SAUDI. Decenas de personas fueron detenidas el viernes en Yeda, la segunda ciudad del reino, tras manifestarse en contra de la maltrecha infraestructura. Las protestas callejeras son algo inédito en el país. La manifestación fue convocada mediante el envío masivo de mensajes a teléfonos BlackBerry instando a los ciudadanos a movilizarse tras las inundaciones que aún mantenían parte de la ciudad anegada. Otro envío masivo anima a los funcionarios y a los empleados del sector privado a hacer huelga la semana que viene "hasta que arreglen las carreteras de Yeda".

El miércoles, el rey Abdalá, que está en Marruecos recuperándose de una intervención quirúrgica en Estados Unidos, ordenó a las autoridades que aceleraran las tareas de rescate y les advirtió de que no se demoraran en actuar. El monarca defendió ayer al presidente Mubarak.

YEMEN. Unas 16.000 personas salieron el jueves a la calle en Yemen -el país más pobre del mundo árabe- para exigir reformas políticas y el fin del régimen del presidente Ali Abdalá Saleh, que lleva en el poder desde 1980, un año antes que Mubarak.

SUDÁN. Los estudiantes se movilizaron en las universidades de Jartum y de Gezira contra el anuncio de reducir los subsidios a los productos del petróleo y el azúcar. Las movilizaciones se extendieron a otras zonas. La policía les lanzó botes de humo. Los precios de otros productos básicos han subido también debido a la crisis mundial y a la devaluación de la moneda local.

OMÁN. Unas 200 personas se echaron a la calle para reclamar al Gobierno el fin de la corrupción y que frene la escalada de precios de los alimentos.

MAURITANIA. Un sexagenario se inmoló el día 17 contra el supuesto maltrato de las autoridades a su tribu.

LIBIA. El régimen de Gadafi, que se solidarizó con el derrocado Ben Ali al principio pero el viernes respaldó la revolución, ha abolido algunos impuestos sobre alimentos como arroz, aceite vegetal, azúcar o papillas para contrarrestar la subida mundial del precio de los alimentos.

Con información de El País.

viernes, 28 de enero de 2011

El presidente egipcio Hosni Mubarak anuncia reformas pero no deja el poder



Las ciudades de El Cairo, Alejandría y Suez se han convertido en un campo de batalla. Miles de personas motivadas por el elevado desempleo y corrupción se han enfrentado a la policía y al Ejército, lo que ha dejado 29 muertos y más de 1.000 heridos. Los egipcios exigen la dimisión del presidente Hosni Mubarak, quien lleva 30 años en el poder.

El presidente egipcio se dirigió anoche a la nación por medio de un mensaje emitido por la cadena estatal Nile TV y dejó claro que no tiene la intención de seguir el ejemplo de su homólogo tunecino Ben Ali, que dejó el poder el 14 de enero forzado por la contestación popular. Hosni Mubarak anunció la formación de un nuevo Gobierno y dijo que atenderá las demandas ciudadanas: "Estoy de lado de la libertad de cada ciudadano, pero hay una delgada línea entre la libertad y el caos”, informó Reuters.

Mubarak aseguró que trabajará por la seguridad y por la libertad de los egipcios, así como por mejorar la economía del país: “Se darán nuevos pasos hacia la democracia y la libertad y para afrontar el desempleo y mejorar las condiciones de vida y servicios, así como para ayudar a los más necesitados", respecto a un programa de reformas anunciadas.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, llamó a Egipto, su principal aliado tras Israel, a evitar el caos: "La violencia no es la respuesta para resolver problemas en Egipto. El gobierno debe ser cuidadoso de no usarla y también la gente en las calles".

Cabe destacar que la ola de violencia no está patrocinada por los Hermanos Musulmanes, la principal fuerza opositora del régimen. Un portavoz de la organización aseguró que este viernes ellos no liderarían la revuelta, pero apoyarían al pueblo egipcio.

Nacidos en 1928, los Hermanos Musulmanes tomaron los conocimientos de su fundador Hasan el Banna, un maestro de lengua árabe durante la época colonial que tenía como preceptos la acción islamista y la organización de masas. De ahí que los Hermanos insistan en la creación de un Estado gobernado por la aplicación estricta de la ley islámica, o Sharia. Gracias a la fuerte presencia en las zonas más marginadas de Egipto, el grupo tiene muchos seguidores.

Mubarak, Estados Unidos y los países europeos se oponen a la imposición de la Sharia, miedo que los ha llevado a ilegalizar y perseguir a todo Hermano Musulmán desde 1954 y durante todo el mandato de Gamal Abdel Nasser (1952-1970).

Entre las demandas de los Hermanos Musulmanes están la abolición del estado de emergencia en el que Egipto permanece desde el asesinato de Sadat en 1981 y por el cual el Estado detiene arbitrariamente a los miembros de su grupo; la disolución del nuevo Parlamento y la celebración de elecciones libres y justas; la enmienda de los artículos 76, 77 y 78 de la Constitución, relacionados con el sistema electoral; unas elecciones presidenciales con base a esas enmiendas, el cese del actual gobierno y la formación de uno nuevo que responda a las demandas del pueblo egipcio.